Todo es un fluir en el color del ambiente. Las fachadas variopintas de nuestra ciudad Patrimonio de la Humanidad se vuelcan hacia un desfile que sintetiza el deseo de ser conquense. Por eso, la Peñas Mateas son el paradigma de la fiesta, la esencia de su valor, la creencia de que lo popular debe rendir homenaje a lo histórico y en ello, valoran la potestad de la diversión, siempre sana y organizada, para que el tributo al Santo Patrón lo revierta en pasión, alegría, respeto y admiración.

Entre sus emblemas, el respeto a la ciudad, a su gentes, a la res brava, al tributo popular; y en su carisma, la sana diversión de entretener provocando entre todos un ambiente inigualable que hace de esta ciudad, la más entrañable sensación de alegría, paz, jolgorio y devoción.

Todas y cada una de ellas, se vuelcan hacia el desfile, hacia la veneración de su patrón y hacia la ciudad que llena de colorido y música su entramado callejero de un casco patrimonial.

Las vaquillas en san Mateo tienen su origen en el año 1581. Se instauraró ese día, 21 de septiembre, como fecha de la conquista de la ciudad, y el Concejo (ayuntamiento) de Cuenca decidió celebrarlo con corridas de toros como acto festivo. Al principio se soltaban toros y no iban enmaromados. Se corrían en el coso del río Huécar y luego, a partir de 1581, en la Plaza Mayor de la ciudad.

En la actualidad se realizan sueltas de vaquillas enmaromadas los días 18, 19, 20 y 21 de septiembre por la tarde y normalmente el día 21 también por la mañana.

Los corrales se sitúan al final de la calle colmillo y saliendo por el famoso y angosto callejón recorren la plaza del obispado, plaza mayor, ante plaza y la bajada a Alfonso VIII hasta zapaterías.

Para finalizar la suelta de vaquillas, se suelta un toro de fuego, que consiste en un armazón portado por un corredor que va soltando carretillas a su paso.

Toda la vida del hombre sobre la faz de la Tierra se resume en buscar el Amor hacia lo que queremos”, y San Mateo hizo de su evangelio la razón de creer en nosotros mismos.

En la catedral, su capilla nos abre la puerta de esa devoción que marcó la seña de la historia, cuando un rey, Alfonso VIII quiso conquistar la ciudad a la Media Luna, haciéndolo un 21 de septiembre de 1177, festividad de un santo que hizo de su ejercicio la generosidad como emblema y que ahora, más de ochocientos años seguimos ejerciendo entre su imagen y su retablo, sin olvidar que su estela como santo ha de guiar la festividad de cada año. Trasladar el Pendón alfonsino, asistir a su Misa Mayor, escuchar la homilía con sus palabras catequizadoras y detentar en nuestro escudo oficial ese cáliz de su emblema, nos hace seguir siendo fieles a esta Tradición religiosa y festiva más solemne.

La Verbena es el acto donde se reúnen todos los conquenses y visitantes al caer la noche. En la propia plaza mayor, un escenario donde actuar ante miles de personas situado en un marco espectacular, presidido por la catedral y escoltado por el ayuntamiento de Cuenca.

Otro de los actos importantes que congregan a numerosos conquenses y visitantes es su tradicional concurso de gachas, donde las peñas y publico en general pasan un buen rato alrededor de hogueras degustando tan artesanal guiso.

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